Reseñas

“No son molinos” VVAA

Sinopsis: Veinte aproximaciones al género de cachava y boina. Veinte relatos que mezclan la España profunda con el fantástico, con la ciencia ficción y con el terror. Una antología donde muchas de las grandes voces del panorama literario actual entonan una salmodia insólita, llena de claroscuros. Lo rural y lo extraño se dan la mano, la mitología patria sale  a bailar bajo la luz de la luna.

no son molinos

Reseña: Esta antología la he disfrutado con calma, prácticamente a relato por día (menos los fines de semana, que he leído dos o tres seguidos). Y en esta ocasión, me gustaría comentar todos los relatos, incluso los que no me han gustado (pocos por suerte).

Para empezar, encontramos un poema de Juan Teso Fuentes que es un buen punto de partida a la antología:

“Retornad al hogar, hay fuego en casa. 

Esperamos ansiosos vuestros cuentos

Susurrados a la luz de la brasa”.

A continuación un extenso prólogo a cargo de Juanma Santiago, que nos introduce estupendamente el concepto de Cachava y boina, empleando ejemplos de nuestra literatura y cultura popular, así como situarnos históricamente en el inicio del género. Muy interesante y al que merece la pena dedicarle una lectura en profundidad antes de empezar con los relatos.

  1. Vida del Padre Lobis; el auténtico lobizón de Nueva Vizcaya, de Luis Besa. 

Lamentablemente, el primer relato de la colección no conectó conmigo especialmente. Me encanta el estilo empleado, y el uso del idioma para darle un toque más realista a la crónica del Padre Lobis en su viaje con los dragones y sus encuentros con los nativos, así como el trato del “lobis home” o “lobizón”.

  1. Temblores, de Cristina Jurado. 

Un extraño seísmo hace que dos pueblos, Pinares y Lora del Campo amanezcan pegados casa con casa. En el relato se nos cuenta cómo los habitantes reaccionan a este hecho. Un buen relato, lleno de personajes interesantes que ayudan a entrar en la historia. De Cristina solo había leído “Clorofilia” y nuevamente encuentro su brillante prosa en este relato.

  1. Quién, cuando yo grite, me escuchará, de Daniel Pérez Navarro. 

Un locutor de radio con aires de estrella entrevista a Eloy Santos, programador de una tecnología llamada RuralWorld. Utilizar la palabra “entrevista” es ser demasiado generosa, ya que el presentador atropella constantemente a Eloy sin dejarle hablar apenas. El relato es el diálogo (o más bien, intento del mismo) entre ambos. Entretenido y bien narrado.

  1. El ovillo, de Alicia Pérez Gil. 

Una pareja se instala en “El ovillo”, una finca que requiere de más cuidados de lo habitual. Este relato merece la pena ser disfrutado sin mucha más información, pero tan solo diré que Alicia crea un relato misterioso y absorbente que ha resultado ser de mis favoritos. Nuevamente una autora de Cerbero (había leído “Barro” y algún relato corto de ella anteriormente) que trae un relato fantástico.

  1. La sombra del candil, de Ana Roux
    ¿Y si el imperio napoleónico siguiera imponiendo su poder en España? Esta es la base sobre la que se asienta el relato de Ana Roux. Dos guardias civiles deben resolver el brutal asesinato de un sacerdote entrando en conflicto con la gendarmería francesa. Pero no queda ahí el relato, si no que también se tratan temas sobrenaturales que lo convierten en un relato redondo.
  1. Luminarias, de Layla Martínez 
    La historia nos relata la vida en una especie de comuna a través de diversos personajes que viven en ella. A medida que la historia avanza da la sensación que tiene más de secta opresora con sus miembros que de la comuna feliz y unida que aparenta. Algo me ha fallado en este relato, pero no acabo de determinar el qué. Le daré una segunda lectura más adelante.
  1. Deli Bal, de Raquel Froilán
    El Rubiovive de, por y para sus abejas. Pero una violenta disputa entre vecinos le hará darse cuenta de que sus abejas tienen ciertos planes para él…
    Uno de mis relatos favoritos de la antología. No sólo porque está estupendamente escrito, si no porque la historia es fascinante.
  1. Lemmings, de Nieves Mories
    Otro de mis relatos favoritos. Esta especie de versión 2.0 del Flautista de Hamelín en la que un chaval algo simple es maltratado por los adultos de un pequeño pueblo me puso los pelos de punta. Brutal. Y si no has leído “La chica descalza en la colina de los arándanos”, ya estás tardando.
  1. Cuídate, hija, de la Garduña, de Virginia Buedo
    Sara es la típica adolescente urbanita que se muere de asco en la casa del pueblo. Y encima tiene que aguantar que no la dejen salir de noche por “La Garduña”, culpable de la desaparición de los jóvenes que se atreven a adentrarse en la noche. Como no se lo cree, decide reclutar a un grupo de chavales del pueblo para pasar la noche fuera de casa y demostrar que esos cuentos de vieja son solo historias para no dormir.
    El problema es que Sara me caía como una patada y que algo me hizo anticipar el final del relato y no lo disfruté como debería, pese a que es una buena historia en conjunto.
  2. No se tira nada, de Eduardo Vaquerizo
    Un matrimonio con dos hijos enfermos decide pasar sus vacaciones en una casa rural alejada de toda civilización. Una pareja de ancianos les ayudarán con algunos asuntos de la casa… y con algo más que no son capaces de imaginar.
    Otro de mis relatos favoritos del libro. El final me dejó totalmente impactada, y te hace plantear cómo actuarías tú en caso de ser el padre protagonista de la historia. Recientemente he leído “Dioseros” del mismo autor y me ha sorprendido el cambio de registro empleado en esta historia.
  1. Una línea en la pizarra, de Mª Concepción Regueiro Digón
    Este relato tiene de todo. Poderes sobrenaturales rollo Xmen, espías, nazis… y todo situado en un ambiente rural que a priori parecía tranquilo y en el que “nunca pasa nada”. Me gusta el estilo de la autora (disfruté mucho de “Los espíritus del humo”) y ya venía con expectativas de disfrutar de un buen relato.
  1. Aceite,de Alejandro Candela Rodríguez
    Este relato me sorprendió porque me lo pasé esperando que pasara algo, ya fuera sobrenatural, terrorífico, que aparecieran aliens, yo que sé. Pero a pesar de eso, es uno de mis relatos favoritos de la antología. Un anciano cuenta a sus amigos que le duele el alma mientras están tomando algo en un bar. Ellos deciden llevarle “donde los aceites” y ya no cuento más para no desvelar más información, pero es una historia preciosa. No conocía al autor y ya quiero leer más de él.
  1. Manuscrito hallado en Ilerda, de Albert Kadmón
    Vale, estoy cegata perdida. La tipografía empleada en este relato me impidió disfrutarlo con tranquilidad y tenía que esforzarme para leerlo. Y no sé si fue por eso, pero además se intentan contar tantas cosas que acaba por no contar nada con claridad.
  1. Home do unto, de J.G. Mesa
    Me gustó mucho “Los hijos de la araña” del mismo autor y lo pillé con ganas, pero en este caso me decepcionó un poco. La historia del “Sacamantecas” y las dudas sobre si era hombre o mujer son la base de este sórdido relato.
  1. La noche que se llevaron a Anastasio, de Yolanda Camacho.
    Nuevamente una autora que ya conocía de su novela con Cerbero (Agramonte) o de algún relato corto. Aquí nos relata la historia de dos hermanas deseosas de conocer la verdad tras el relato de su padre. ¿Es verdad que un amigo de la infancia fue “abducido” y desapareció? Pero cuando llegan al pueblo, tendrán que enfrentarse a la hostilidad de sus habitantes ante las preguntas. Un gran relato que me ha mantenido atenta y con ganas de saber más.
  1. Una casa en el barro, de Haizea M. Zubieta
    Sara está decidida a comprar una casa en el campo, por muy destartalada que esté, y convertirla en una casa rural. Cuando por fin la encuentra, a pesar de la amenaza de un fantasma que habita en ella, decide hacerla suya y con ayuda de los amables vecinos, comenzará a restaurarla.
    Este relato me ha flipado. Estás todo el rato pensando, “ya verás” y al final te pega un giro que te deja a cuadros.
  1. Anomalia gallinácea. Auge y caída de los transpollos, de Daniel Arévalo
    Este relato es muy curioso. A través de una entrevista a Atanasio, descubrimos que una vez, una gallina apareció con un puerto Usb en una explotación avícola. A raíz del descubrimiento, el mundo entero se volcó en la investigación del fenómeno.
  1. El viento. Una historia de La Frontera, de Raúl Gonzálvez del Águila
    Vale, reconozco que en los primeros compases del relato no pillé demasiado de qué iba. Pero a medida que avanza la historia, vas captando los detalles del mundo en el que está situada. Un mundo que por cierto, es interesante, aunque al final no ha sido una de mis historias preferidas.
  1. 50% algodón, 50% poliéster, de Adolfina García
    En mi época escolar, todos los miércoles se instalaba un mercadillo en el descampado al lado del colegio. A través de las rejas del patio comprábamos pipas y justo al lado, había una parada de ropa interior como la que se describe en el relato, lo que me ha hecho visualizarla tal cual era en mi memoria. Dejando a un lado el momento nostálgico, el relato me ha parecido muy bueno, inquietante y turbio hasta el final.
  1. La encantá del barranco, de Enerio Dima. 
    El relato final nos presenta a Dori, una pastora algo simple pero de buen corazón. Cuando se encuentra al fantasma de una hermosa mujer, aunque al principio siente temor no duda en volver a acercarse a ella. Lo que en principio parece simple fascinación se convierte en un amor sincero e inocente por parte de la pastora, incapaz de comprender lo que ha encontrado.En resumen: Es difícil valorar antologías porque habitualmente hay relatos que gustan más y otros menos. En mi caso, hay una media fantástica de relatos que me han encantado, por lo que no puedo más que recomendar encarecidamente No son molinos,tanto si quieres adentrarte en el género “Cachava y boina”, como disfrutar de una de las pocas antologías en las que podrás encontrar relatos de gran cantidad de autoras y con multitud de personajes que representan al colectivo LGTB+. Puntuación: 4/5. 

 

1 comentario en ““No son molinos” VVAA”

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